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FALLECE MIGUEL DELIBES

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FALLECE MIGUEL DELIBES

Notapor Diabla el Vie Mar 12, 2010 12:55 am

Parece que otro de los grandes nos dejará en breve.

http://noticias.terra.es/2010/genteycul ... ad-00.aspx


Miguel Delibes, en estado de máxima gravedad
El estado de salud del escritor Miguel Delibes, de 89 años, ha experimentado en las últimas horas un empeoramiento hasta el punto de que la familia espera un fatal desenlace 'en las próximas horas o, todo lo más, dentro de dos, tres o cuatro días', según ha confirmado su hija Elisa.



Miguel Delibes (Valladolid, 17 de octubre de 1920) , de 89 años, enfermo y hospitalizado, ha experimentado en las últimas horas un empeoramiento. Su familia, en boca de su hija Elisa Delibes, ha explicado que esperan un fatal desenlace "en las próximas horas o, todo lo más, dentro de dos, tres o cuatro días".

Los hijos del novelista que residen fuera de Valladolid han sido ya avisados y la mayoría de ellos se encuentran al lado de su padre, quien se halla en estado inconsciente, conectado a una vía y con asistencia respiratoria permanente.

Desde la pasada Navidad "observamos una recaída, pero nunca pensamos en un desenlace tan rápido. Ya no puede levantarse, está muy malito. No sé si es cuestión de horas o de días", ha añadido Elisa, que ha atendido al escritor durante los últimos años, en especial desde que en octubre de 1998 se le diagnosticó un cáncer de colon del que fue operado meses después.

"No hay nada que hacer. No esperábamos que fuera tan rápido", ha concluido Elisa Delibes acerca del estado de salud de su padre, quien el año pasado recibió los últimos reconocimientos en forma de sendas medallas concedidas por los gobiernos de Castilla y León y de Cantabria.

"Mucho metal para mí", comentó entonces, en noviembre de 2009, y por boca de su hija el académico vallisoletano, cuya obra literaria ha sido galardonada con los principales premios de las letras hispanas.



Un escritor prolífico, miembro de la Real Academia Española desde 1975

- Es escritor y periodista. Comenzó su carrera como columnista en El Norte de Castilla, periódico del que fue director.

- Es quizá uno de los escritores más influyentes e imporantes de la literatura de posguerra. Algunas de sus novelas han sido adaptadas al cine y llevadas al teatro.

- Lleva mucho tiempo padeciendo un cáncer de colon y la vida le dio un gran revés cuando falleció su esposa en 1974

Última edición por Diabla el Vie Mar 12, 2010 10:27 am, editado 1 vez en total
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Re: DELIBES, EN ESTADO CRÍTICO

Notapor granotaman el Vie Mar 12, 2010 9:22 am

Ya a fallecido DEP

http://www.publico.es/culturas/301080/m ... s/escritor

Miguel Delibes muere a los 89 años

Fallece en Valladolid, su ciudad natal, uno de los grandes maestros de la novela española, que dio testimonio a la ingrata vida de la España negra y profunda


El escritor Miguel Delibes, uno de los grandes de las letras españolas, murió este jueves por la mañana después de que en los últimos días empeorará su estado de salud. Delibes, de 89 años, sufría un cáncer de colón y los médicos no eran muy optimistas.

Delibes murió a las 7:00 horas cómo y dónde quería: en su casa de la calle Dos de mayo en Valladolid, su ciudad natal.

También vivió cómo quería: en una España de provincias, "árida y desarreglada", como él mismo decía. La Castilla de Unamuno, Azorín y Machado, que ahora vuelve a tambalearse por el desastre de la guerra. Un escenario inhóspito, nada que resulte especialmente agradable o divertido como relato, pero sí necesario para la memoria del hombre. Una rara perspectiva sobre lo que significa el progreso, que confía en la vida rural, la comodidad del hogar familiar en donde uno nace y se cría, la sierra, el campo, las codornices y el Pisuerga: que no necesita arrojarse a la conquista de la metrópolis, que reclama la vida al natural como la propia del individuo, aunque también la progresiva pérdida del conocimiento popular. Instigadora de valores humanistas, sí, pero también tolerante hacia la idea del otro. La misma voz que ya habla sobre la defensa de la naturaleza, desconsolada por la crisis de la razón. Así era la ética de Miguel Delibes, que arriesgó –y acertó– por el bien de la literatura y de su Castilla natal.

Nacido en Valladolid en 1920, el escritor cumplió una labor intelectual que pasa por uno de sus rasgos más reconocidos: la construcción de novelas en donde se expone la jerga de los campesinos, tosca, sin negar el rico uso del español. La tarea se completó gracias a una labor periodística iniciada en 1941, cuando pasa a formar parte de El Norte de Castilla como caricaturista, periódico que dirigiría a partir de 1958.

El propio escritor admite que fue durante esta etapa cuando aprendió a escribir largo. También cuando consigue la cátedra de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio, cuya preparación, consistente en la memorización de textos jurídicos, facilitó su vocación literaria.

Aquel primer ciprés
Sea como fuere, habrían de pasar varios años para que –animado por su esposa Ángeles de Castro– se decidiera a la primera entrega de su obra novelística: La sombra del ciprés es alargada, con la que obtuvo el Premio Nadal. Al año siguiente, en 1949, acabó Aún es de día, mutilada por el aparato censor del franquismo. Su tercera novela, también un año después, lleva por título El camino, y en ella Delibes se reconoce al fin como escritor maduro.

Ciertamente es El camino la que sienta las bases de su obra posterior. O, como él mismo explicó a propósito de su personaje el Mochuelo, “viene a resumir el sentido de mi obra ante el progreso y, en consecuencia, uno de los pilares en que aquélla se asienta: la defensa de la naturaleza”. El camino simboliza el perpetuo enfrentamiento entre la escritura obsesiva, virtuosa y progresivamente críptica frente al pragmatismo y la sintonía con el lector medio.

Prefirió las charlas en un cómodo vis-à-vis que las tertulias reñidas
"Cuando pergeñaba mi novela El camino, hice un gran descubrimiento: se podía hacer literatura escribiendo sencillamente, de la misma manera que se hablaba. No se trataba de hacer literatura en el sentido que los jóvenes de mi tiempo entendíamos en el lenguaje rebuscado y grandilocuente", señaló.

Desde entonces, y hasta 1963, transcurrió una época notablemente prolífica en la que siguió escribiendo un promedio de un libro al año, mientras avanzaba posiciones en el diario vallisoletano, sin perder jamás un ápice de su temperamento combativo.

La cabecera de Delibes creó escuela al incluir en sus filas colaboradores de la talla de Francisco Umbral, José Jiménez Lozano y César Alonso de los Ríos. Fue esa rebeldía la que en 1963 condujo a Delibes a cesar al frente de El Norte de Castilla, que ya había sido perseguido por el Tribunal de Represión contra la Masonería y el Comunismo, precisamente durante la purga mediática que la dictadura de Franco practicó antes de que en 1966 Fraga promulgara la Ley de Prensa.

Periodista maniatado
La decadencia de la situación periodística obligó al narrador a diversificar sus ocupaciones y replantear formatos, de modo que pudiera continuar difundiendo las mismas ideas que quiso aportar a la cabecera. Llegó entonces Las ratas, cuyo planteamiento de denuncia de la situación de los campesinos simulaba la página de El Norte... titulada Castilla en escombros.

Delibes arriesgó por el bien de la literatura y de su Castilla natal
Dos años después, en 1964, Delibes ejerció como profesor visitante en el departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras en la Universidad de Maryland (EEUU), y en 1973 la Real Academia lo elegiría para ocupar el sillón e minúscula.

Destacan entre sus obras más celebradas Cinco horas con Mario (1966), monólogo que el personaje de Carmen pronuncia durante el velatorio de su esposo, y que sirve para poner en tela de juicio la clase media española –preocupada en exceso por ascender en la escala social– y la tendencia del país a fragmentarse siempre entre dos polos irreconciliables. De hecho, más allá de costumbrismos y temáticas sociales, la muerte llegó a convertirse en una de las obsesiones que persiguieron sin descanso a Delibes ya desde su infancia, según él mismo apuntó, como se observa en La sombra del ciprés es alargada, La hoja roja o La mortaja. 1974 supondría un dramático punto de inflexión en la vida de Delibes con el fallecimiento prematuro de su esposa Ángeles.

Los santos inocentes (1982), probablemente su obra más conocida a raíz de la adaptación cinematográfica que Mario Camus llevó a cabo en 1984, pone de manifiesto los abusos entre explotadores y explotados una vez superado el viejo sistema latifundista. Un rasgo que se observa en el deficiente psíquico Azarías, y la Niña Chica, deteriorada genéticamente y en un estado de perpetuo sufrimiento. Por otro lado, Paco, el padre de familia, es la herramienta de la que Delibes se sirve para ilustrar el enfrentamiento entre estamentos sociales que perviven en la sociedad rural, casi como si del Medioevo se tratara.

Ya desde los años ochenta la obra de Delibes empezó a recibir menciones procedentes de diversas instituciones. Así, en 1983 la Universidad de Valladolid procede a su investidura como Doctor Honoris Causa, gesto al que más tarde se sumarán la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad alemana del Sarre y la Universidad de Alcalá de Henares.

Castilla y León le otorgaría el Premio de las Letras en 1984 y en los noventa alcanzaría el Premio Nacional de las Letras Española que concede el Ministerio de Cultura. El 93 sería otro de los más importantes a la hora de relanzar la obra del vallisoletano: justo después de que la Universidad de Valladolid diera su nombre a su nuevo campus recibe la noticia de que ha obtenido el Cervantes. Puede decirse que los noventa llevaron consigo todo tipo de trabajos a propósito de su obra, la cual precisa nuevas reimpresiones, mientras en el séptimo arte se compite por obtener los derechos para llevar sus novelas a la gran pantalla.

Su Ángeles seguía viva
El año del Premio Nacional de las Letras (1991) fue el mismo en el que vio la luz su Señora de rojo sobre fondo gris, en la que sus lectores comprobaron cómo aún perduraba la memoria de su esposa Ángeles. De hecho, los estudiosos atribuyen a los personajes de Carmen, de Cinco horas con Mario, y Ana, de Señora de rojo sobre fondo gris, rasgos que compartirían con la mujer del autor, si bien se advierte una mayor semejanza entre Ana y Ángeles, a juzgar por los siete hijos que tiene y la causa de su muerte. Igualmente difieren las dos imágenes de la mujer casada ofrecidas en Cinco horas con Mario, más bien desfavorable, y Señora de rojo sobre fondo gris, idealizada.

Diario de un cazador, que data de 1988, es uno de sus textos en donde más notoriedad alcanza su afición cinegética. Presentado como un personaje de habla popular y una cultura mal asimilada, Lorenzo, el diarista, expone su fascinación hacia el desafío de cada partida y hacia el compañerismo que transpira sus salidas al campo.

El propio Delibes llegó a admitir que ésta es la única novela de toda su producción que puede considerarse optimista: "En todas las demás –le dijo el autor a Joaquín Soler Serrano– este problema de la frustración, del acoso del entorno, es una constante. Únicamente se evade este cazador, que se conoce que me cogió en un momento de optimismo infrecuente en mí, y lo parí, le di a luz con unos atributos diferentes".

Sobre sus influencias, llegó a admitir tres ejes en torno a los cuales su obra se articuló. En primer lugar, novelistas nórdicos como Perrault y Andersen, a los que siguió otro periodo caracterizado por "novelistas de horizontes abiertos, como Oliver Curwood y Zane Grey"; autores que hablaron sobre los buscadores de oro o tramperos, y por supuesto, sobre el entorno natural. Por último llegó la lectura de los clásicos, entre quienes destacó a Proust, Dostoyevski o Virginia Woolf.

Mejor solo
El vallisoletano siempre respondió a un carácter introspectivo, que prefería la soledad por encima de la vida social; un temple que, todo sea dicho, pertenece ya a una psicología frecuente entre los narradores. O como ya confesara en su día al periodista Joaquín Soler Serrano, Delibes jamás procedió a retirarse del trato humano, si bien siempre prefirió las charlas en un cómodo vis-à-vis antes que las tertulias reñidas.
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Re: DELIBES, EN ESTADO CRÍTICO

Notapor hoosier el Vie Mar 12, 2010 9:47 am

Otro referente nos deja: un maravilloso escritor que también fue un gran aficionado al fútbol.

Descanse en paz.

Cuelgo el fantástico análisis sobre el mundial del 90 que Delibes publicó en el País. Destaco en negrita una frase con la que estoy plenamente de acuerdo:

Sin personalidad

MIGUEL DELIBES 11/07/1990

Después de mover arriba y abajo el cubilete quedaron en liza cuatro selecciones clásicas, las previstas, sin que ninguna, salvo quizá la alemana, estuviera a la altura de su historia. El fútbol del Italia 90, cuando no gris y pusilánime, resultó blandengue. Apenas un 15% de los partidos (Alemania-Holanda, Italia-Irlanda, Inglaterra-Camerún) comunicaron a la grada alguna vibración, o hicieron saltar al telespectador de la butaca. Los demás resultaron de muy bajo tono, un fútbol desapasionado, elemental, premioso, que siguió siéndolo (salvo en la semifinal Alemania-Inglaterra) en las prórrogas, cuando el encuentro, de no dar un vencedor, tendría necesariamente que dirimirse por penaltis. (¿Por qué, me pregunto, apelar a fórmula tan arbitraria y caprichosa cuando de lo que se trata en estos campeonatos es de concentrar emociones, vivir intensamente la gran fiesta del fútbol? Yo recuerdo que ningún Mundial ha logrado resucitar en mí la conmoción vivida en 1934, cuando a través de un gótico receptor de radio, que emitía más ruidos y silbidos que palabras, seguí la gran gesta española del Italia 34, el mundial mussoliniano. ¿Por qué no volver a aquellos partidos de desempate, sin tiempo para descansar, al día siguiente, con los efectivos diezmados por el cansancio y las lesiones, o con los suplentes, en los que la tensión futbolística alcanzaba unos límites que ahora tratamos de buscar en vano mediante otras fórmulas?).Quedó campeona, con más dificultades de las previstas, la selección alemana. Un triunfo cantado, en particular desde que Italia, una Italia sin fervor, contagiada del enervamiento napolitano, fue eliminada por una Argentina muy afortunada, muy lejos de aquel equipo triunfador en Buenos Aires (1978) y México (1986) del que sólo quedan algunos atisbos de Maradona y su buena colocación en el campo. Argentina no fue lo que era, llegó más arriba de lo que merecía, y otro tanto cabría decir de Inglaterra (salvo en la semifinal) e Irlanda. Otros, en cambio, pagaron el pato y se asustaron antes de entrar en calor y poder demostrar de lo que eran capaces: URSS, Suecia, Bélgica, Holanda, Brasil, tal vez España. El azar no acertó en esta ocasión. Del bombo salieron combinaciones que en la práctica resultaron desacertadas y no dieron en la pradera el juego que cabía esperar de ellas.

El bajo tono de este Mundial tan esperado confirma que el dinero que hoy gira alrededor de este deporte enriquece a los futbolistas pero empobrece al fútbol. Cuando los futbolistas se convierten en administradores (del cero-cero inicial, de sus tobillos, de sus cuentas corrientes, de lo que sea), el fútbol se hace burocrático, insoportablemente conservador, repetitivo y enfadoso. Tan sólo alguna selección representante de algún país exótico, como la de Camerún, aportó al trofeo un hálito de frescura, algo diferente del viejo y revenido automatismo. Camerún fue al Italia 90 algo así como el chino Michael Chang al Roland Garros 89: una gracia inédita, la última sorpresa de lo exótico. No diré que fuese un descubrimiento, porque ya en 1982 había empatado con el mismísimo campeón, pero sí ha sido un animador, un equipo que saltaba a la pradera a jugar, a divertirse y, de paso, a divertirnos a nosotros, los espectadores. Hace ocho años la selección de Camerún demostró ser un brasilito: un equipo lento cuando hay que serlo, cadencioso, de fútbol de pase corto, acompasado, rítmico, de amplios despliegues seguidos de cerrados repliegues casi casi instantáneos, con un sentido de anticipación imaginativo y vivaz. Eso era Camerún en 1982. En 1990 ha demostrado que ya es algo más que un brasilito, que ha crecido, que es capaz de crear jugadores míticos como el viejo Milla, de tutear -y vencer- a los poderosos. Es el primer equipo africano que se las tiene tiesas con los tradicionales campeones, la demostración palpable de que el día que el continente negro se entregue al fútbol con la fruición con que lo hacen Europa y Suramérica tendremos tal vez que despedirnos de nuestra supremacía. Porque, al margen de habilidades circunstanciales, de técnicas mejor o peor asimiladas, una cosa hay incontestable: el sentido del ritmo y la resistencia física del africano no podrá alcanzarlos ya el europeo por mucho que se esfuerce. El europeo está pasado de fecha.

En lo atañedero a España ocurrió lo que suele ocurrir en estos campeonatos oficiales. Fue apeada a las primeras de cambio, aunque yo no creo que España cayera mucho antes de lo que hubiese debido caer. Si nos fiarnos de las clasificaciones en otras copas del mundo, comprobaremos que nuestra posición oscila en torno al décimo lugar, puesto abajo, puesto arriba. No sólo no llegamos a campeones, sino que ni siquiera optamos a ello; no jugamos nunca las últimas eliminatorias. Más que falta de juego, España padece una fragilidad de base: nervios frágiles, frágil condición física, frágil moral. Después del partido de entrenamiento con Yugoslavia días antes de ir a Italia (que España ganó sin merecerlo) leí en los papeles que nuestras selección había jugado baja de ritmo y velocidad. A mi entender, ni alta ni baja: no jugó. Y siguió sin jugar en el encuentro inicial contra Uruguay, donde apareció una selección atenazada por los nervios, asustada de sí misma. Tengo para mí que España abusa de las concentraciones. La concentración precampeonato es demasiado larga y estrecha, se habla con exceso del rival de turno, se abusa de las pizarras, de los vídeos, de la posición que cada cual debe adoptar en el campo... Esto, que puede resultar útil para jugadores fríos y asentados, es malo para jugadores nerviosos, máxime cuando su entrenador y seleccionador es aún más nervioso que ellos (hay que recordar los gestos y ademanes de Luis Suárez en la banda durante los partidos de la selección). Dos docenas de personas sensitivas encerradas juntas durante un mes y medio antes que palabras intercambian temores, se contagian inquietudes, se enervan mutuamente, y saltan al césped no ya "motivados", como se dice ahora, sino pasados de "motivación", con la cabeza caliente y las piernas flácidas, desobedientes, absolutamente incapaces. Y lo grave es que este envaramiento (también lo vimos en el Mundial 82) no desaparece con el primer partido. Contra Corea y Bélgica, España Jugó un poco más, pero sólo a ratos, en contados minutos. La fragilidad era ahora más bien física y moral que propiamente nerviosa, pero nuestra selección seguía siendo frágil. Y frente a Yugoslavia, nuestro ejecutor, no diré que España jugara mal, al menos se esforzó, dominó, acorraló en ocasiones a su rival, creó oportunidades de gol, incluso podríamos hablar de mala suerte, pero le faltó lo esencial, saber esperar y ese punto de intuición, de fantasía, que demostró Stojkovic, engañando a 22 jugadores y 200 millones de espectadores, recortando a Martín Vázquez -en vez de empalmar de volea, como esperábamos todos- antes de empujar la pelota a la red. Creatividad, imaginación, invención, llámese corno quiera. Eso falló. Nuestra selección batalló pero dentro del cliché rutinario que hoy dominan hasta los niños. Así es difícil meter goles. Para conseguir goles en un Mundial es preciso hacer cosas distintas.

En resumen, España sigue estando donde estaba. A lo largo de medio siglo, como grupo y en comparación con otros grupos, no ha progresado. Sigue sin codearse con los grandes. Cae en la liguilla previa, los octavos o, a lo sumo, en los cuartos de final. Pero esto, en definitiva, es secundario; lo grave es que no deja huella, no asombra, carece de personalidad futbolística. Antaño, con los Zamora, Lángara, Iraragorri, Quincoces y hasta Zarra se acuñó un término definidor: la furia española era el equivalente del reinado de la montaña en ciclismo. En fútbol éramos furiosos, y en ciclismo, reyes. En cualquier caso, distintos a los demás, más luchadores. Nos iba la improvisación. Éramos más rápidos, más vivos, más astutos que los otros. Las tácticas, las pizarras, los vídeos no van con nuestro temperamento, nos han agarrotado. Han empalidecido el uniforme rojo, han frenado las cabezas de humo y de miedo los corazones. Nuestros representantes no se atreven a moverse en el campo por miedo de romper las tácticas. Hemos enajenado la furia, pero no hemos sabido sustituirla por otra cosa. España, en fútbol, está donde estaba, ni más arriba ni más abajo, pero desgraciadamente ha perdido su personalidad.


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Re: FALLECE MIGUEL DELIBES

Notapor fromero el Lun Mar 15, 2010 3:46 pm

DEP
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